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Universo Cadista

5 de octubre de 2026 · gadesgadir

El derbi que vuelve no es el que algunos recuerdan: piedras al tren y cascos de obra

En redes se ha llenado todo de bromas y de «por fin, derbi». Pero el que tiene cuarenta años y lo vivió no sonríe igual. Conviene contar cómo era aquello, aunque solo sea para dejar claro por qué nadie quiere que vuelva así.

Montaje con el mural del escudo del Cádiz y el lema «Cádiz CF, somos felices» sobre un cristal resquebrajado, junto a un futbolista cadista celebrando: dieciocho años sin derbi oficial ante el Xerez
Dieciocho años después, y nada que ver. Montaje de Universo Cadista.

Hay una brecha curiosa en el cadismo estos días. El que tiene veinte años ha recibido el sorteo como una fiesta: un derbi, un desplazamiento corto, un partido divertido. El que tiene cuarenta ha puesto otra cara.

Porque dieciocho años sin jugarse son muchos años, y lo que había antes de eso no se parece en nada a lo que hoy entendemos por un derbi.

El tren paraba en la Segunda Aguada

Para situarse hay que borrar mentalmente la ciudad de ahora. Antes del soterramiento, la vía del tren entraba por donde hoy está la avenida, y a la afición visitante la dejaban en el apeadero de la Segunda Aguada.

Eso convertía la llegada en un acto público. No había redes para saber la hora, pero la voz corría, y en el relato de quien estaba allí hay un año en que corrió demasiado bien: cuando el tren entró en el andén, lo esperaba una multitud que había vaciado de piedras las vías.

Otros años el recorrido se hacía andando por la avenida, pasando por Trille, y desde las ventanas caía lo que hubiera a mano. En esos recuerdos aparece una plancha de planchar lanzada desde un piso. Quien lo cuenta se ríe y acto seguido dice lo obvio: eso mata a alguien.

Y hay una imagen que lo resume mejor que ninguna estadística. Un año, con el estadio en obras, a los aficionados del Xerez les dieron cascos de obrero para bajar del autobús. No como gracia: como protección.

La escena que más dice, sin embargo, es doméstica. Un niño de cuatro o cinco años metido a toda prisa en un bazar de la zona del McDonald's mientras caía una lluvia de piedras, y el dueño cerrando la puerta con llave. Ese niño hoy tiene cuarenta y pico y es cadista.

Y del lado de allá, exactamente lo mismo

Conviene decirlo claro, porque si no esto parece un ajuste de cuentas: no era cosa de una afición.

Ir a Chapín era salir en bloque, escoltados por antidisturbios, con las calles de alrededor cortadas y con gente colándose por los laterales para tirar piedras a la columna. Y la vuelta era un tren de regreso abarrotado, no por ambiente, sino porque nadie se atrevía a quedarse solo esperando el siguiente.

Era el fútbol de entonces, aquí y en media España. Lo que pasa es que entre dos ciudades a treinta kilómetros se concentraba más.

Pero también hubo la otra memoria

Y sería injusto quedarse solo con eso, porque no es solo eso lo que recuerda quien lo vivió.

También está el chaval que cogía el calendario recién salido y lo primero que buscaba era esa fecha. Los nombres de aquellos equipos del Xerez, que todavía hoy se recitan de memoria. El ascenso vivido en Chapín. La sensación, que ya no existe, de que había un partido al año que valía por diez.

Eso explica por qué a quien lo vivió le sigue pareciendo un derbi de verdad aunque el Xerez esté dos categorías por debajo. No es una cuestión de clasificación. Es una cuestión de biografía.

Y explica también, por cierto, por qué al cadista de veinte años esto no le dice lo mismo. No le falta cariño: le falta haberlo vivido. Igual que al de setenta, que vio al Cádiz en Primera, su derbi le queda en Sevilla.

Lo que ha cambiado, que es casi todo

La buena noticia es que nada de lo primero sigue en pie, y que las pruebas están a la vista todos los días.

Hoy hay niños que van al colegio en Jerez con la camiseta del Cádiz y no les pasa nada. Hay gente entrenando en un gimnasio jerezano con ropa cadista. Y estos días se ha visto por Cádiz a un chaval con la camiseta del Xerez sin que nadie girara la cabeza. Hace treinta años, cualquiera de esas tres frases era impensable.

Ahí está el cambio de verdad, y se puede formular en una línea: antes el raro era el que llevaba la camiseta; hoy el ridículo lo hace el que dice algo.

Lo que nos jugamos estas tres semanas

Quedan más de tres semanas hasta el partido. Es mucho tiempo, y es justo el tiempo que tarda en calentarse algo que no necesita calentarse.

El partido ya va a estar caliente solo. Es un derbi, se juega a partido único, el Xerez se deja la temporada en noventa minutos y el Cádiz se juega el ridículo. Con eso basta. No hace falta añadirle nada desde una cuenta anónima.

Nuestra posición, por si hace falta decirla: lo deportivo lo contamos aparte —un Chapín de 20.000 asientos, un rival de Segunda Federación y un formato que favorece al de abajo— y lo demás nos parece que sobra. Un desplazamiento corto, una tarde rara, a ser posible una victoria, y de vuelta a Liga.

Tampoco hay que fiarse poco de este cadismo: hace tres días se le vio celebrando junto a la afición del Leganés. Si somos capaces de eso con un rival al que no debíamos nada, con el vecino deberíamos saber.

Los episodios que recogemos se contaron en abierto en una tertulia cadista publicada tras el sorteo. Son recuerdos personales de hace décadas y los damos como tales, sin haberlos podido contrastar con hemerotecas ni con atestados; los publicamos porque quienes los cuentan lo hacen para explicar justo lo contrario de lo que podría parecer: que aquello se acabó y que no debe volver.

Información original: Clave Cádiz.

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