29 de septiembre de 2026 · Actualizado 29 de septiembre, 19:35 · gadesgadir
El año en que el Cádiz no sabía si habría equipo la semana siguiente
Se habla mucho estos días de distancia entre el club y su gente. Conviene recordar una temporada en la que esa distancia fue cero, porque la afición era lo único que sostenía al Cádiz. Y en la que, con todo en contra, el equipo acabó siendo el mejor de su grupo.
El Cádiz lleva siete jornadas sin ganar y una parte de la conversación cadista ya no va del equipo, sino de la distancia entre el club y su gente. Merece la pena mirar atrás, porque hubo una temporada en la que esa distancia no existía: la afición era, literalmente, lo que mantenía vivo al Cádiz.
Un verano en el que el club se daba por muerto
Verano de 2000. El grupo ADA, propietario del club tras dos años de inversiones que no habían dado resultados, cierra el grifo y deja a la entidad a su suerte. Carlos Orúe había firmado como entrenador sin saber lo que venía.
Lo que vino fue esto: encierros de futbolistas en el estadio para reclamar sus sueldos, una subvención del Betis en el Trofeo que salvó una situación desesperada y teletipos que llegaron a certificar la disolución del club. Noventa años de historia colgando de un hilo.
De fichajes, casi nada: Julio Puig, Ramón como portero suplente y Mara. El equipo lo sostuvieron los canteranos, que de un día para otro pasaron a ser titulares: Sambruno, Sergio Iglesias, Velázquez, Víctor García, Víctor Vía.
Tres empates a cero y un partido que olía a despedida
La liga empezó con tres 0-0 seguidos. Los resultados eran lo de menos.
En la jornada 4, ante el Guadix, el ambiente en Carranza era de final. Se daba por hecho que el club no aguantaría otro mes sin dinero y que en octubre se resolvería la disolución. El Cádiz ganó 3-1, y los jugadores celebraron los goles con una rabia mal disimulada hacia el palco. Al acabar, jugadores y público se fundieron en un aplauso que, según cuenta la crónica de aquella temporada, olía a despedida.
La primera vuelta fue un calvario y terminó como terminan los calvarios: 3-0 en el campo del Don Benito, el 17 de diciembre. Nadie habría apostado entonces que aquel partido era el punto de inflexión.
Lo que pasó después no tiene mucha explicación
El primer partido tras el parón navideño, en casa ante el Linares, el Cádiz volvió a perder. Fue la última vez que perdió en toda la liga.
Desde ahí hasta el final: diecisiete partidos sin conocer la derrota y solo dos goles encajados en todos ellos. Los nueve últimos, victorias consecutivas. Con Duda desbordando por la izquierda —el mismo que años después jugaría en Primera con Málaga y Sevilla— y una defensa que no concedía nada.
Y lo hizo mientras arriba pasaba el mayor esperpento institucional de la temporada: la fugaz llegada de Antonio Mendoza a la presidencia, que no puso un duro, creó una sociedad fantasma para dirigir el club y trató de asociarse con Masato Horita, un japonés de negocios oscuros sobre el que la propia Federación lanzó una advertencia. Tras la espantada de Mendoza volvió Antonio Muñoz, que en marzo firmó la recompra del club. Y el cadismo se movilizó para ayudarle económicamente a sacarlo adelante.
El Cádiz, al que meses antes se daba por muerto, ganó el grupo IV con una jornada de sobra.
Y entonces llegó la parte cruel
Orúe había avisado de que quería evitar al Nàstic de Tarragona en el sorteo de la liguilla de ascenso. Le tocó el Nàstic.
| Fecha | Partido | Resultado |
|---|---|---|
| 20/05/2001 | Nàstic - Cádiz CF | 3-1 |
| 25/05/2001 | Cádiz CF - Zamora | 2-2 |
| 03/06/2001 | Zamora - Cádiz CF | 0-2 |
| 09/06/2001 | Cádiz CF - Nàstic | 1-0 |
| 17/06/2001 | Amurrio - Cádiz CF | 0-0 |
| 24/06/2001 | Cádiz CF - Amurrio | 2-1 |
El equipo que había encajado dos goles en diecisiete partidos recibió tres en una sola primera parte en Tarragona, todos del delantero Castillo, el primero de falta nada más empezar. Un gol de Duda al final recortó el average particular, y eso resultó decisivo.
Porque el Cádiz ganó la vuelta en casa, pero solo 1-0, con un gol en propia puerta del portero Oliva presionado por el Fondo Norte y un penalti sobre Mara que el árbitro no vio. En la última jornada, jugando con diez casi todo el partido, ganó 2-1 al Amurrio. No sirvió: el Nàstic no perdió en Zamora. Terminaron empatados a puntos y el ascenso se decidió por el gol average particular.
Orúe anunció en rueda de prensa, entre lágrimas suyas y aplausos de los periodistas, que se marchaba tras un año «muy largo».
Por qué contamos esto ahora
No como consuelo. Aquella temporada no acabó bien: acabó con el mejor equipo del grupo fuera y con el entrenador llorando.
Se cuenta por otra cosa. Aquel Cádiz jugaba sin cobrar, sin saber si habría club en octubre, con la gente llevando comida al estadio, y aun así el vínculo entre la grada y el equipo nunca estuvo tan intacto. Lo que unía no era la clasificación: era saber que estaban en lo mismo.
Veinticinco años después el club no se va a disolver, los sueldos se pagan y la categoría es mejor. Y sin embargo hay conversaciones en las peñas sobre si alguna vez hubo tanta distancia entre el palco y la grada. Esa es la comparación que conviene hacer, y no la de los puntos.
La ficha de la temporada habla de dieciocho partidos sin perder. Contando desde la derrota ante el Linares del 8 de enero hasta el final de la liga, en el calendario publicado salen diecisiete, y son los que damos aquí. Los dos goles encajados en ese tramo sí coinciden con ese recuento.
Información original: cadistas1910.
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